28-A: votar, votar y votar

Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Casado (PP), Albert Rivera (C’s), Pablo Iglesias (Podemos), Santiago Abascal (Vox) y Aitor Esteban (PNV). Fuente: La Razón

Con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, el 28 de abril, a un mes y medio, los partidos políticos se han puesto en marcha en la batalla por obtener el mayor porcentaje de voto posible: la denominada precampaña electoral. Las Cortes ya se disolvieron el 3 de mayo y con el establecimiento de la Diputación Permanente en el Congreso, las formaciones políticas miden en exceso sus declaraciones, ya que, pueden ser influyentes en el devenir electoral. La campaña propiamente dicha entrará en vigor 15 días antes de la celebración de elecciones, aproximadamente a mediados de abril.

Los grupos políticos cogen “carrerilla” para afrontar unas elecciones determinantes para nuestro país. Y hay diferentes predisposiciones antes de las elecciones. Por un lado, parece que la derecha ha sabido alinearse de manera efectiva: PP, Ciudadanos y Vox tienen la oportunidad de mostrar músculo electoral y de trasladar los resultados políticos obtenidos en las andaluzas a las generales. Por otro lado, la izquierda hace un llamamiento a su electorado a acudir a las urnas para frenar a la derecha. El PSOE, aún en el Gobierno, tiene una fuerza mediática que hace prever que los resultados serán positivos. Sin embargo, de Podemos no se puede decir lo mismo. La amenaza del sorpasso’ de Vox a Podemos campea en el escenario político y eso es algo que la formación morada, con 5.000.000 de votantes en las anteriores elecciones generales, no se puede permitir.

El PSOE, según algunas encuestas recientes, sigue en cabeza en lo que respecta a previsiones electorales. Otro asunto que habría que analizar, es si le alcanzaría para formar gobierno. Podría buscar apoyos, además de en Podemos, en otras formaciones tales como las secesionistas catalanas y vascas: PDeCAT, Esquerra Republicana, PNV, Bildu, etc.  Pedro Sánchez se ha visto reforzado políticamente en los últimos meses, a pesar de que no siempre le ha venido el viento de cara. Santiago Abascal, líder de Vox, es el antagonista perfecto y necesario para la victoria de Sánchez. Al respecto, cabe decir que no se puede obviar el potencial electoral y el rédito político que se puede obtener de satanizar a la derecha más reaccionaria y hacer un llamamiento a los votantes de izquierdas.

En otro orden de cosas, la estrategia del PP es errónea respecto a la consideración de sus enemigos. Pablo Casado, candidato a las generales por el Partido Popular, muestra una línea ultraconservadora heredera del aznarismo más cerril. Y es que, desde la cosmovisión de la dirección del PP opinan que disputarse el liderazgo conservador con Vox es un adecuado plan de acción. Se equivocan. Abascal, en plano político, es un rival para Casado. La pelea por hegemonía del conservadurismo español es una lucha perdida. Los presumibles votantes de Vox son en su mayoría ciudadanos descontentos con las políticas efectuadas hasta el momento por el PP.

Ciudadanos ha declarado que no pactará con los socialistas. Craso error. Antes de una campaña electoral no se pueden establecer cordones sanitarios a un partido que sobradamente ha demostrado que está con la Constitución. Pero Albert Rivera está decidido a seguir repitiendo hasta la saciedad el falaz argumento de que pactaron con los que “quieren romper España”, cuando únicamente fueron apoyados espontáneamente en una moción de censura a Mariano Rajoy por partidos de dicho signo separatista.

Los cordones excluyentes solo tendrían que aplicarse en casos como el de Vox. Un partido político reaccionario, machista, nacionalista español, y una sarta de adjetivos negativos que aluden a su falta de compromiso con la democracia y con sus valores de igualdad y libertad.

La irrupción y el auge de Vox ya no es una sorpresa. A pesar de que todavía no posee representación parlamentaria en las Cortes Generales, se le está tratando mediáticamente como un partido más, como se hizo en su día con el partido liderado por Pablo Iglesias. La mera posibilidad de que Vox supere en escaños a Podemos ya sería todo un éxito para un partido que ha aparecido en el panorama político-mediático hace escasos meses, en concreto, en los comicios andaluces.

Las últimas semanas ha surgido un debate novedoso que ha inundado las tertulias políticas en torno a la precampaña. La Diputación Permanente, un órgano poco conocido que se pone en funcionamiento inmediatamente después de la disolución de las Cortes, va a ser utilizada asiduamente por el Ejecutivo. Su función se limita exclusivamente a cumplir las funciones de la cámara baja mientras se encuentra cerrado el periodo de sesiones parlamentarias.

El Gobierno Sánchez se dispone a agotar la legislatura por medio de los llamados “viernes sociales”, en los cuales se van a promulgar decretos leyes todos los los viernes de cada semana hasta la celebración de comicios, con el beneplácito del Consejo de Ministros. El decreto ley es una norma con rango de ley que emana del poder ejecutivo, sin que tenga la intervención o autorización previa del Congreso. Esta fórmula legislativa se prevé en un marco de urgencia y provisionalidad:  la necesidad de convalidación por el Congreso en 30 días y su posible tramitación urgente como leyes. Y quizá las circunstancias propicias para ello no se dan, pero el Gobierno arguye que son medidas que urgen, y que afectan al conjunto de los españoles. No se equivoca, aunque se puede calificar como electoralista a poco más de un mes de las elecciones y, supone intrumentalizar un órgano como es la Diputación Permanente, que se utiliza en casos de excepcionalidad. Decretos como el del alquiler y el de paternidad parecen propuestas coherentes para con la ciudadanía y sus intereses.

Es relevante, por otra parte, el papel del voto útil. Votar por convicciones es legítimo, lícito y coherente, por supuesto.  Y votar libremente es otra de las condiciones sine qua non de la democracia. Sin embargo, en un sistema parlamentario como es el nuestro, obtener representación es fundamental. La soberanía nacional se basa en este fenómeno. La sociedad civil delega competencias totales en el ámbito de la gobernación y el parlamentarismo a la clase política. En definitiva, sería conveniente votar a lo que más próximo ideológica y representativamente se tenga, pero teniendo en cuenta que en la legislatura ordinaria lo que tiene fuerza representativa son los escaños, con los cuales es posible formar gobierno. Las formaciones políticas que no alcancen ese límite de representación del 3% en cada circunscripción provincial, no sería adecuado votarlas. De hecho, los partidos se están empeñando en apelar al voto útil. Es innegable que es una estrategia que goza de sinceridad y de coherencia en el juego democrático.

Al respecto, como ciudadanos con derechos y deberes políticos debemos votar, votar y votar. No acudir a votar con lo que está en juego, políticamente hablando, – y eso que la política lo abarca todo o casi todo –  es una necedad en toda regla. No solo en las generales, el 28 de abril, sino también en el ‘superdomingo’ electoral del 26 de mayo, en las que se celebran autonómicas, europeas y municipales. De importancia capital son cada una de ellas en sus respectivos ámbitos geográficos y de descentralización.

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