Su Majestad Roger Federer

Fuente: La Gaceta

Una raqueta y una pelota son suficientes, la gente enmudece cuando le ven jugar, todo el mundo se queda mirando, observando como un hombre consigue hacer magia entre las cuatro líneas de una pista de tenis.

Ese es su hogar, su recreo, hace de ese sitio algo especial, algo que merece la pena observar. El dominio, la tranquilidad, la clase, el pundonor.

Todo eso es lo que consigue transmitir Roger Federer a los amantes de este deporte. Un deportista con mayúsculas, profesional ante todo y que ha conseguido este fin de semana ser más leyenda de lo que ya es.

Cien triunfos, cien torneos siendo el rey, mandando sobre los demás, indicando el camino a los más jóvenes de lo que debe ser un tenista. Tsitsipas fue el último en hincar la rodilla ante Su Majestad en Dubái.

Una hora y once minutos le bastaron para acabar con la gran promesa griega (6-4,6-4)

Roger Federer es protagonista de una rivalidad histórica, de la mayor rivalidad de la historia del deporte. Uno representa la clase, la elegancia hecha tenista, la majestuosidad, la maestría, la dosificación del esfuerzo. El otro es garra, la juventud, la pelea, la lucha, el sudor; pero ambos son los culpables de haber llevado el tenis a otro nivel.

Un escalón, que aunque a los españoles nos gustaría que ocupase otro, ahora mismo no nos queda otro remedio que aplaudir y rendir homenaje a Su Majestad. Un hombre al que solo le quedan nueve triunfos para igualar al gran  Jimmy Connors (109)

Porque no veremos otro como él, no veremos un revés a una mano más elegante que el suyo, nunca volveremos a ver a nadie restar en mitad de pista, nunca nadie va a poder acercarse a la leyenda suiza.

Desde que en 2001 consiguió su primer título en Milán, no sólo nos ha enseñado a jugar, también nos ha enseñado a saber perder y a respetar a todos y cada uno de los rivales.

A mi memoria vienen unas palabras que dijo tras ganar la final de Australia en 2017 ante Rafa Nadal.

“El tenis es un deporte duro, no hay empates, pero si alguna vez hubiera uno, estaría encantado de aceptar el empate y compartir con Rafa el trofeo”

El día en el que tenga que decir adiós, estaré orgulloso de poder decir a todo el mundo que yo vi jugar a Su Majestad, Roger Federer.

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