Por un 8-M sin banderas

 

A las puertas de las elecciones generales los partidos políticos se mueven sin ningún sentido de la orientación, es decir, sin ningún objetivo que no vaya más allá de conseguir la llave de la Moncloa.

Para variar, en España tenemos un poco de todo, el auge de un partido radical como es Vox ha generado que el líder del PP, Pablo Casado, deje a un lado toda idea moderada y que tenga relación con su antecesor Mariano Rajoy, para volver a la escuela de Aguirre. En cuanto a la “veleta naranja”, que llego al Parlamento con idea de hacer una política de pactos con otras formaciones, parece que la aparición de Vox no le está beneficiando en absoluto ya que por mucho que evite salir al lado de Abascal en las fotos, Albert Rivera ya forma parte del llamado “trío de Colón” del que es difícil salir y más aún, que no se te identifique con una derecha radical y castiza. En el Partido Socialista tenemos a un líder que solo le interesaba aparecer en los libros de Historia y que nos ilusionó con un cambio en el gobierno que acabó siendo casi una paralización de este.

Tan difícil está el voto en estas elecciones que Podemos ha querido llegar a él apoyando a toda costa el movimiento feminista, ahora son: “Unidas Podemos”. Sin embargo, creo que la mejor manera de acabar con un movimiento social es asociarlo a una ideología política. Que tu discurso político se centre y se base en la lucha feminista solo hará que mujeres que crean en la igualdad no salgan a la calle el 8 de marzo por miedo a que se les relacione con una izquierda radical. Supondrá que la frase “yo no soy feminista, yo defiendo la igualdad” salga de la boca de muchas mujeres que erróneamente sienten que esta lucha es impulsada y defendida de manera casi exclusiva por la izquierda en la que parece Irene Montero la Emmeline Pankhurst de nuestro tiempo.

El apoderamiento por parte de Podemos de la lucha feminista solo va a generar la división de las mujeres, todo por un trasfondo político donde no importa la causa social sino el objetivo: que los votos no se nos escapen. La coalición morada ya ha lanzado su carta feminista, el partido quiere ser “la España del 8-M”.

Hemos cambiado de siglo y todavía no nos lo creemos. Sé que gracias a la izquierda se han logrado cantidad de avances sociales y gran parte de nuestros derechos, pero no por ello tienen la hegemonía social ni la supremacía moral durante el resto de la historia. Ahora existe otra realidad, compleja y diferente al tradicional bipartidismo y al básico azul y rojo.

Por eso, yo revindico un 8-M sin banderas, sin partidos políticos, sin agrupaciones que nos diferencien a las unas de las otras y que todas, las altas, las flacas, las gordas, las de las Converse, las de los tacones, las de los vaqueros rotos o las de las faldas cortas estemos ahí, tiñendo las calles de valentía y sin miedo a que nos clasifiquen de algo que no sea de mujeres, fuertes, libres e independientes.

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