¿Siguiente, por favor?

Después de ganar al australiano De Miñaur en Australia, Rafa Nadal afirmó que “el tenis español se había saltado algunas generaciones” y que habrá que esperar algún tiempo hasta que podamos volver a ver a tenistas españoles de vuelta en el top mundial.

Digámoslo claro: No tenemos tenistas jóvenes en España con la calidad suficiente para continuar con el legado de esta maravillosa generación.

Es cierto que Carreño, Bautista, Pablo Andújar tienen un gran nivel… pero ¿hasta dónde van a poder llegar?

Porque sí, esto se acaba, ¿Cuánto más puede durar? ¿Un lustro? ¿Menos?

El reciente anuncio de retirada de Andy Murray deja muy tocados a los Nadal, Federer, Djokovic…etc. que ven como un compañero de generación y un rival durante más de una década se va antes de tiempo. Fuerza, Andy.

Ya el año pasado, Toni Nadal afirmaba que los jóvenes actualmente no tienen tanto compromiso como los de antes y por ello no se está llevando a cabo un relevo generacional.

Si observamos a los jóvenes de hoy en día que se sitúan en el Top Ten (Thiem, Zverev, Goffin…) no hay ninguno que se deje la piel en la pista como Nadal lo hizo en su día, y como lo continúa haciendo cada vez que tiene una raqueta en la mano.

Porque siendo sinceros, un niño de diecisiete o veinte años debería barrer de la pista a alguien de treinta y tres. Y eso no pasa; más bien, ocurre todo lo contrario. Leyendas del tenis han seguido arrasando en los últimos años a las nuevas generaciones.

¿Quién representa hoy a llamada “Next Gen” en España?

Solo parece haber un candidato, se llama Nicola Kuhn. ¿ Será capaz de despertar ilusión?

Fuente: ABC.es

Nacido en Austria, aunque criado en Torrevieja y por lo tanto, nacionalizado español, Nicola tiene dieciocho años, ha sido finalista de Roland Garros Sub-18 en 2017 y ha ganado ese mismo torneo en la categoría de dobles.

Parece un buen comienzo, pero ¿será suficiente? El tenis español debe unirse para formar a nuevos tenistas con el mismo compromiso, la misma intensidad y la misma capacidad de sacrificio que ha caracterizado a esa generación.

¿Quién no recuerda la imagen de ese mallorquín con cara de niño y melena, que corría sin parar por la pista central de Roland Garros? ¿Alguien se ha olvidado de ese joven que no hacia más que ir de un lado a otro detrás de una pelota amarilla, porque un Roger Federer indiscutible la enviaba a la esquina?

Atrás quedó ese niño del que Carlos Moyá no se fiaba para ganar el partido definitivo en una final de Copa Davis porque decía que tenía tendencia a acalambrase. Moyá no podía estar más equivocado, pues ese niño acabó ganando el partido.

Ojalá dentro de unos años haya un tenista de mi generación entre los mejores del mundo. Un deportista que aunque pueda parecer que se acalambra, levante otra vez con la misma furia la ansiada ensaladera.

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