“Panem et circenses”

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Luces, cámara y acción. Estamos dentro, cada periodista en sus respectivos asientos jugando con el bolígrafo y empieza el debate.

Las tertulias empezaron en la radio, donde los diferentes tertulianos se sentaban a dialogar, daban sus opiniones de manera pacífica, y los ciudadanos lo escuchaban, analizaban, y si estaban de acuerdo se apropiaban de esos argumentos para luego defenderse entre sus gentes más cercanas. Los locutores se dedicaban a llevar a los medios la opinión del pueblo, tanto de las personas de derechas como de las de izquierdas, dando por hecho que en España jamás nos hemos puesto de acuerdo en nada, ni si quiera para el café.

Dicen que con el tiempo las cosas evolucionan, a ¿mejor? Puede que la gran mayoría piense que la palabra evolución siempre será algo positivo, pero siento decirles que para el periodismo no ha sido así. La nueva tendencia de valorar más a un periodista que opina que a uno que se dedica a contar la noticia tal y como la ha recibido de su fuente, de la manera más objetiva posible para que luego nosotros saquemos nuestras propias conclusiones. Puede que sea ese el problema, que no queremos sacar conclusiones. En la era de internet estamos sobrecargados de información constantemente y el aburrimiento no existe. El no aburrirse hace que no tengamos tiempo para pensar, y si no pensamos no reflexionamos. Nos pasamos el día en esa nube virtual leyendo opiniones de personas anónimas y si nos gusta lo que dicen, con eso nos quedamos. Consumo por consumo, el show y el espectáculo, el panem et circenses. Como han cambiado las cosas, antes los de arriba decían lo que pensaban los de abajo y ahora parece que los de arriba nos están diciendo como debemos de pensar. Adictos a las tertulias entre periodistas, al show de los programas de televisión que solo pretende crispar el ambiente social para ganar audiencia porque digamos que el periodismo esta en una época en la que “todo vale”, en las fakes news, en un “si conseguimos audiencia que más da mentir”. Nos están diciendo como debemos de pensar si somos de izquierdas y como si somos de derechas, dejando a un lado todo tipo de racionalidad.

Los objetivos de la gran empresa periodística no son otros que los de vender información ya sea verídica o no. No les importa enfrentar a la gente o a las familias, les priva la ambición porque consumas su espectáculo y están deseando venderte su pescado en mal estado que tú por supuesto te lo comerás como si aquello se tratara de un manjar. Sus argumentos consiguen radicalizarnos cada vez más hasta que acabemos en un duelo a garrotazos tal y como ya plasmo Goya en su obra.

Creo que al final esta en juego el sentido común -como siempre- el estar delante de un micrófono en una empresa mediática grande no te da marchamo ni de credibilidad ni de calidad. No digo que este en contra de las redes sociales, ni de la opinión pública. Al contrario, creo que hace que la gente se sienta escuchada y permite una mayor libertad de expresión, tan solo digo que no nos creamos todos lo que escuchemos de esas personas que tenemos como “líderes de opinión”, y mucho menos de las redes sociales que están contaminadas de desinformación.

Salgamos de la nube por un momento, del mundo virtual, desconectemos para volver a estar conectados con nosotros mismos y dejemos de consumir ese espectáculo de personas que hiperbolizan cada frase.

Ni luces, ni cámaras. Estas dentro de ti, cada pensamiento en su sitio y empieza la reflexión.

 

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