Crónica de una investidura anunciada: el “anti-cambio”


Susana Díaz felicita a Moreno Bonilla tras ser investido presidente de la Junta de Andalucía Fuente: José Manuel Vidal (EFE)

En el día de ayer aconteció una crónica de una investidura anunciada. Juan Manuel Moreno Bonilla, actual presidente del Partido Popular andaluz, fue investido en el Parlamento de Andalucía. Moreno Bonilla se erigió como máximo responsable del Palacio de San Telmo, sede del Gobierno de la comunidad autónoma más grande de España. Lo hizo tras los acuerdos subscritos en las últimas semanas con el previsible apoyo de los 21 escaños de Ciudadanos y los 12 de Vox. Estos, sumados a los 26 del PP, le alcanzaron a Moreno para superar la mayoría absoluta de 55 escaños con 59 diputados, frente a los 50 votos en contra de las bancadas del PSOE y de Adelante Andalucía.

La sesión de investidura estuvo cargada de retoricismo más que de propuestas concretas para el futuro gobierno, que es lo que debe caracterizar a un debate de investidura. Moreno se permitió citar al celebérrimo poeta Antonio Machado aludiendo a uno de sus versos: “Hoy es siempre todavía”, sinónimo de cambio constante. De manera pertinente, con esta oración poética quiso proclamarse el adalid del cambio. Algo que nunca va a representar, cuando acaba de recibir el apoyo de una fuerza tan reaccionaria como es Vox, un partido de ultraderecha que aboga por el nacionalismo español y que recuerda a etapas pre-constitucionales. Si bien es cierto que el olor nauseabundo que desprendía la Junta de Andalucía era patente después de casi cuarenta años sin alternancia en el poder.

El recién investido presidente hasta hace pocos meses estaba desahuciado como candidato a las Elecciones andaluzas debido a que era el último resquicio de ‘marianismo’ tras la victoria de Pablo Casado y su característica línea aznarista. Paradójicamente, se ha consolidado como el barón popular más importante del país junto a Núñez Feijóo, presidente de la Junta de Galicia.

La segunda y definitiva sesión de investidura de ayer comenzó con la intervención de todos los grupos parlamentarios representados. Una de las más sonadas fue la del partido liderado por Santiago Abascal: “Somos un partido de extremo sentido común” que viene a “representar a españoles y andaluces que están hasta el gorro del lenguaje exclusivo” y cuyos “principios se han tirado por la borda por la dictadura ideológica de la izquierda totalitaria”, apostillaba Francisco Serrano, el dirigente de Vox en el ámbito andaluz. 

Lo más grave de todo es que algunos de los representantes de Vox arguyeron a la salida de la sesión que en los aledaños de la sede de la soberanía andaluza no se podían desarrollar manifestaciones feministas en contra de las medidas rubricadas negro sobre blanco por los partidos de la derecha. Unas medidas que volvían a abrir un debate sobre la violencia de género, una cuestión superada y consensuada. Máxime, cuando vivimos en democracia y el derecho a la libertad de expresión y a la manifestación está completamente recogido en la Constitución.

Juan Marín, nuevo vicepresidente de la Junta de Andalucía y presidente andaluz de Ciudadanos, quizá fue uno de los únicos representantes de los partidos que apoyaron la sesión de investidura que efectuó un discurso algo más moderado y alejado del radicalismo exhibido. Por su parte, la gran derrotada fue, por supuesto, Susana Díaz, la ahora expresidenta de la Junta y en teoría “líder de la oposición”. Tímida en sus intervenciones y cayendo en tópicos repetidos hasta la saciedad, aunque tenaz en el empeño de hacerse con el liderazgo de la oposición por el que combate con Teresa Rodríguez, de Adelante Andalucía.

Rodríguez centró su debate en torno a la defensa de lo público y manifestó que el novísimo gobierno será “solo para ricos”. No se equivocó totalmente, dado que las medidas ‘a priori’ propuestas son de tendencia liberal-conservadora. Mas, cabe añadir que el electorado del PP, Ciudadanos y Vox está compuesto fundamentalmente por la clase media trabajadora.

Como una forma de arrojar luz sobre la cuestión de fondo, el PP corre el riesgo de sufrir el “el efecto corriente”. Cuando se abren dos ventanas que entre ellas se comunican, el aire circula, genera una corriente y permite que ese aire se “escape”. Pues bien, ya extrapolado al plano político, la formación azul podría perder votos por distintos espacios electorales en el espectro político. Tanto por el centro derecha, del que se está alejando, como de la derecha más reaccionaria, ya que un votante de la línea más dura del Partido Popular pensaría “coherentemente” que sería más conveniente votar a Vox porque representaría mejor sus intereses y a su vez, acabaría pactando con su anterior partido, como ha sucedido en las Elecciones andaluzas.

El presente viernes nos ofrecerá una instantánea un tanto inédita en el PP. La toma de posesión del cargo de la Presidencia de la Junta por parte de Moreno, que reunirá a el expresidente Mariano Rajoy, a la exvicepresidenta Soraya Saénz de Santamaría y a Pablo Casado, actual presidente del grupo popular.

Por otro lado, mientras la derecha se encuentra más o menos cohesionada, la izquierda como es habitual desde tiempos inmemoriales está desunida. Ahora más que nunca, es el momento de fidelizar y seducir al votante con propuestas serias a la par que concretas y dejar de lado la  crítica fácil al ‘fenómeno Vox’, el cual tiene bastantes posibilidades de replicarse en el resto de comunidades.

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