Dedicatorias

Por Ángel Gómez-Lobo

En esta ocasión me gustaría, para empezar, recomendaros a todos el libro Diario de un skin de Antonio Salas, un periodista de identidad desconocida hasta día de hoy experto en infiltración en bandas criminales que, para escribir este libro, cuyo subtítulo es Un topo en el movimiento neonazi español, tuvo que pasar un año fingiendo ser un simpatizante fascista para presenciar  desde dentro las acciones de distintos grupos radicales de cabezas rapadas y dejar constancia de ellas. Aunque yo estoy seguro de que lo disfrutaréis, no sé con tanta certeza si al anterior dueño del ejemplar que yo poseo (que compré en una de las librerías de segunda mano que suelo frecuentar) le agradó la lectura tanto como a mí, pues vendió el libro que pasó a engrosar una de las estanterías de un local de la madrileña calle López de Hoyos. Cuando yo lo rescaté de allí, hace ya un par de semanas, sabía que estaba adquiriendo por poco dinero un gran libro que, casi a modo de agradecimiento por darle una nueva vida, me ofrecería una gran historia que estaba deseando descubrirse ante mi poco a poco en un striptease intelectual en el que revelaría sus secretos página tras página, consumiéndose tan lentamente como la arena que danza dentro de un reloj. Sin embargo, no tenía ni idea de que un tercer personaje, que en mi imaginación se bate con Antonio Salas por el puesto de auténtico narrador de la historia encerrada en el ejemplar, enriquecería aún más mi experiencia con este libro.

Este tipo de sorpresas siempre se dan cuando la vida y la literatura se abrazan, en esos momentos (más numerosos de lo que pensamos o de lo que nos quieren hacer creer) en los que la realidad y la fantasía se entrecruzan, como se ha entrecruzado mi vida con la historia de ese aspirante a autor del que os hablaba: Jesús, que habiendo escrito unas pocas líneas a modo de dedicatoria en la primera página del libro ya ha conseguido despertar en mí casi las mismas ideas, imágenes y anhelos que el legítimo autor del relato en 400 páginas.

dedicatoria
Dedicatoria de la primera página del ejemplar de Diario de un Skin que poseo.

“Con todo el cariño del mundo. Espero que disfrutes leyendo este libro como disfruto yo de ti y (que) te guste tanto como tú me gustas a mí. Jesús”.  

Si estoy dedicando este espacio a hablar acerca de estas palabras es porque llegaron hasta lo más profundo de mí; no solo por el sentimiento de ternura y afecto que transmiten o por lo maravilloso que me parece el acto de compartir una historia que has disfrutado con otra persona, sino por lo cercana y real que me parece esta declaración frente al relato de investigación y de infiltración al que precede. ¿Quién no ha escrito alguna vez una dedicatoria de este estilo, buscando darle un toque personal a un libro que estamos regalando a una persona a la que queremos? Cuando lo hacemos, de nuevo estamos manifestando la energía creadora de nuestro espíritu, pues no solo estamos añadiendo un detalle bonito al ejemplar en cuestión, sino que estamos plasmando en papel parte de nuestra vida, de nuestros sentimientos, de nuestras intenciones y, en definitiva, no estamos más que narrando de manera sutil parte de la historia que estamos viviendo. Porque escribamos o no, todos somos narradores de nuestras vidas y con actos como estos dejamos constancia de nuestro paso por la Tierra.

Aunque desconozco completamente las circunstancias en la que Jesús hizo este regalo o los motivos por los que la otra persona se deshizo del libro, me alegro enormemente de haberme topado con estas palabras, pues me han regalado otra historia de la que ser espectador; un relato reducido a su mínima expresión, despojado de planteamiento, nudo y desenlace pero sustentado por un sentimiento que lo dota de sentido. Puede que el tiempo y la distancia difuminen la historia de Jesús, pues ya nunca sabremos si este libro ayudó a fraguar un romance en un lejano verano del año 2006 o si fue un regalo para celebrar las bodas de plata de un matrimonio ya consolidado. Nunca sabremos si ese romance tuvo un final dramático, si la otra persona decidió vender el libro porque le despertaba recuerdos dolorosos o si simplemente ocupaba demasiado hueco en la estantería. Aunque me gustaría conocer estos detalles y saciar mi curiosidad (y por eso fantaseo recreando todas las posibilidades) en el fondo me siento afortunado de conocer lo más esencial de la historia: el afecto de Jesús hacia la otra persona.

Truman capote
El escritor Truman Capote en su estudio en Yaddo. Fuente: Frontera D.

Estés donde estés y seas quien seas te doy las gracias, Jesús. No solo por contarme tu historia a tu manera, sino también por encender dentro de mi la chispa que ha puesto en movimiento la maquinaria gracias a la cual he podido escribir estas líneas; tu historia ha dado alas a la mía, y solo espero que este humilde texto inspire a alguien más, y que a su vez, ese lector/escritor vuelque su afección en otra obra. Aunque tu historia comenzó el 1 de julio de 2006, he querido darle vida de nuevo este 23 de diciembre, como un ave fénix que ha resurgido de sus cenizas. Porque el arte tiene que ser un ave fénix, y también una sucesión de piezas de dominó que caen una detrás de otra, siendo cada una de ellas más evocadora, emotiva y expresiva que la anterior.

Al igual que tu dedicaste este libro que ahora yo poseo a una persona la que querías, yo te dedico este texto a ti, Jesús; a ti y al resto de artistas que, voluntaria o involuntariamente, dejan parte de sí mismos en este mundo, compartiendo su amor, sus penas, sus alegrías; su espíritu.

 

 

 

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