La balanza interna

A lo largo de nuestra vida, todos pasamos por momentos y situaciones donde hay que hacer una valoración de lo que te rodea. Me refiero a las constantes e inevitables decisiones que tomamos día a día, instante a instante y que al final del día nos hacen reflexionar junto a la almohada comiéndonos la cabeza o aliviándonos la mente.

La vida son las decisiones que tomamos. Muchas veces hay que tomarlas en un contexto complicado en donde nuestra elección no es meramente personal sino que intervienen diversos factores en ella, condicionando nuestro rumbo. Tomar decisiones, en mi opinión, es lo más trascendental y arduo para cualquier ser humano debido a la importancia que puedan llegar a tener en nuestras vidas. Mayoritariamente, las decisiones en sí mismas parecen sencillas de tomar llegándonos a crear una sensación de irrelevancia que, en ocasiones, nos hace errar en nuestro acto de escoger la opción correcta. Sin embargo, es cuando tomas la primera cuando nos metemos en el meollo del asunto: a una decisión le sucede otra, y otra, y otra, y así hasta un sinfín de situaciones que hay que afrontar con determinación para que la primera decisión que has tomado sea, como llegaste a pensar al tomarla, la correcta.

Muchas veces miramos atrás y nos preguntamos por qué habremos hecho eso, probado aquello, hablado con ese alguien, viajado a tal sitio, discutido por lo otro o besado a esa persona. La respuesta radica en un instrumento que, literalmente, todos hemos usado alguna vez y es símbolo de la justicia: la balanza. Las personas tenemos una balanza interna (no sabría situarla exactamente pero apostaría a que se encuentra en el corazón) mediante la cual medimos nuestros sueños, temores, inseguridades o deseos a la hora de tomar nuestras decisiones que tanto nos pueden llegar a pesar o ayudar durante el largo, y a su vez bonito, camino que es la vida.

En una de las plataformas colocamos la comodidad y bienestar ligada al conformismo; al otro lado, colocamos nuestros miedos e inseguridades unidos a la ambición personal y la perspectiva de futuro de cada uno. Una vez que dejamos que nuestra balanza interna mida qué pesa más, conocemos la respuesta de la decisión. Para que haga su función lo más exactamente posible hay que asegurase de no equivocarnos a la hora de colocar cada cosa en su sitio ya que a veces podemos juntar en el mismo platillo, por ejemplo, el conformismo con la ambición cambiando radicalmente el lado por el que se declinará la balanza.

A todos nos llega una época en la que hay empezar a enderezar el rumbo, girando el timón del barco 180º para buscar tierra firme o continuando con la ruta establecida. La travesía puede ser difícil y en ocasiones querrás volver por donde habías venido, pero es ahí cuando te acuerdas de la balanza y de la justicia que simboliza, y decides continuar para ver el resultado de todo el esfuerzo que conlleva tomar sencillas decisiones.

 

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