“Por el río Nervión, bajaba una gabarra…”

Situémonos en el 3 de mayo de 1983, la plantilla del Athletic Club realiza el paseo triunfal de la gabarra por la ría de Nervión, desde Las Arenas hasta el Ayuntamiento de Bilbao, donde el equipo celebrará el título de Liga cosechado por una plantila repleta de históricos futbolistas como Zubizarreta, Uturbi, Goikoetxea, Sarabia, Noriega, Gallego etc. todos nacidos en el País Vasco y formados en Lezama.

Los aficionados vascos festejan con efusividad el campeonato conseguido dos días atrás tras la victoria por 5 goles a 1 ante Las Palmas que, unida a la inesperada derrota del Real Madrid ante un Valencia que se jugaba la permanencia, le otorga al club rojiblanco el trofeo de Liga 27 años después del éxito de Ferdinand Daučík; esta vez a las órdenes de un entrenador característico, Javier Clemente.

El estilo y la filosofía del conjunto bilbaíno se convierten en el orgullo de toda una ciudad y de todo un país, pues miles de jóvenes dispersos por distintos lugares de España simpatizarán con el equipo y celebrarán sus posteriores triunfos, como el doblete (Liga y Copa) de la 83/84.

Volvamos entonces al día de hoy, 35 años despúes de la celebración del título de Liga y 120 después de la fundación del club. Pasamos del momento más feliz de su historia al momento más triste, navegamos entre los dos extremos de los sentimientos de los leones.

Actualmente, el club se encuentra en posiciones de descenso tras solo haber cosechado una mísera victoria en las primeras 14 jornadas, su proyecto deportivo liderado por Eduardo Berizzo ha sido finiquitado tras la destitución del mismo, su presidente pierde apoyos día sí y día también por la pésima gestión de altas y bajas, siendo el principal culpable de la no llegada de Fernando Llorente en el mercado estival, anteponiendo su ego por encima de los intereses de la entidad; y, lo más grave, muchos seguidores empiezan cuestionar seriamente la filosofía imperante en Lezama desde hace más de un siglo.

Esta situación es mucho más imprudente y temeraria de lo que parece, pues solo la simple idea de tirar por la borda la esencia que resume doce décadas de fútbol en Bilbao, origina el miedo entre los profundos admiradores de este deporte, que vemos peligrar los cimientos de la última pizca de la resistencia ante el fútbol moderno, más pendiente de contratos publicitarios con Nike o Adidas que de fomentar el balompié local.

Yo lo tengo claro: cambiar la ideología podría salvar al conjunto rojiblanco de descender a la Segunda División, pero escribiría el punto y final de la historia de un club apreciado por su ideario y diferente forma de ser e iniciaría el relato de “uno más”, sin distinciones con cualquier otro equipo de LaLiga Santander.

 

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