Culto ‘se hase, no se nase’

Comenzar siempre es complicado, así que hagámoslo con buen pie: dime que te has leído El Quijote

Probablemente sea, y lo digo sin necesidad de recurrir a ningún método de deducción genuino, la primera y última vez en mi vida que me encuentre en tal tesitura como en la que me encuentro hoy: escribir en el mismo día de arranque de un medio; por tanto, si ustedes me lo permiten, voy a ‘barrer para casa’ un poco ─y pido disculpas por el coloquialismo─ en lo que pretendo que profese como llamamiento a la importancia de la cultura y de su sección correspondiente en este nuestro diario.

He de admitir que me sorprendió ver cómo esta sección era la que más interés previo acaparaba, con un 35% de las votaciones, en la encuesta lanzada en las redes sociales de El Generacional días antes, lo que me hace plantearme seriamente si los votos se hicieron ‘en plan coña’ ─pido disculpas de nuevo─. Aun con esto, es ineludible que existe un pensamiento general por el que se cree que el acceso a lo cultural en este país, que no la accesibilidad, es ínfimo, que no limitado. Puedo ser algo tendencioso, pero comparto dicho pensamiento.

Por supuesto, debo explicarme después de decir esto. Y es que hoy en día, por lo que he podido vivir en mi experiencia personal, la música agradece en gran medida la presencia de Spotify, pues si bien es cierto que sigue teniendo grandes adeptos que agotan entradas, seguramente entre todos los miembros de la redacción de El Generacional no sumemos ni la mitad de los discos que solía tener un pollo nacido en los 80; de la pintura prestamos atención a algo, muy puntualmente, gracias a personajes como el extravagante Banksy; la lectura es harta raruna y la escritura, anacrónica (¿quién escribe ya?). Además, si les digo que más allá de incredulidad había desconcierto entre mis colegas cuando les comenté que estaba leyendo El Quijote (sí, El Quijote, ese libro del que todos hemos oído algo de molinos y no sé qué historias pero que tan solo unos pocos hemos leído), créanme que lo digo para no decir que estaban ‘flipando en colores’ ─­pues eso, que disculpas─.

Entiendo que a alguien pueda llamarle más o menos leer un libro, ir al teatro o escuchar alguna canción cuyo único instrumento no sea un ordenador; sin embargo, y más allá de todo esto, no creo que la cultura se trate de un gusto, sino de un derecho, por no decir una obligación. En otras palabras, culto ‘se hase, no se nase’ ─ésta era necesaria─ y, sí, debemos hacernos cultos (nunca se sabe demasiado). En esta era de información, de conocimiento, de comunicación o de como queramos llamarla, gozamos de una suerte que otros no tuvieron antes: ser menos ignorantes, menos manipulables y, sobre todo, más libres.

P. D.: Espero que todos disfrutemos con este comienzo y en adelante, tanto escribiendo como leyendo este nuevo diario. No me cabe duda de que no soy el único que lo espera.

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